“¿POR QUÉ SERÁ QUE UN ÁRBOL EMBELLECE ENVEJECIENDO?”: EL POEMA DE SILVINA OCAMPO SOBRE LA VEJEZ
Son versos duros, directos, desafiantes, alejados de toda romantización. Subrayan el contraste entre lo que imaginó y lo que es. “Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas…”, escribió
Silvina Ocampo (1903-1993) alternó el cuento y
la poesía en una obra extensa, reeditada en 2023
En el poema
Envejecer [texto completo al final de la nota], Silvina Ocampo
habla de la vejez de modo descarnado, casi cruel. Lejos de todo romanticismo o
idealización. Y subraya el contraste entre cómo la imaginó en su juventud y
cómo la vive realmente.
La obra
completa de Silvina Ocampo fue reeditada en 2023: se cumplían 120 años de su
nacimiento (1903) y 30 de su muerte (1993, a los 90 años). Este y otros textos
no publicados fueron incluidos en las nuevas antologías. Posiblemente por eso se
desconoce la fecha exacta de redacción de Envejecer, pero
evidentemente pertenece a su producción más tardía.
Una de las
reediciones de la obra de Silvina Ocampo
El poema
describe la vejez casi como un trabajo, un ejercicio “arduo”; no como
imaginó en su juventud, cuando deseaba llegar a esa etapa para tener más
tiempo, más calma. Con crudeza, declara que envejecer implica “cruzar un mar
de humillaciones cada día”. No podemos saber si se refiere a la mirada y
actitud de los otros o a su íntima percepción. Silvina Ocampo fue siempre
extremadamente reservada en cuanto a su obra, sus motivaciones y su vida en
general.
“La vejez
—dice también— es un disfraz con aditamentos inútiles”. Alude a un sentimiento
frecuente en muchas personas al dejar atrás la juventud: “Nadie acepta ser
viejo porque nadie sabe serlo”.
Silvina
Ocampo
Describe el
sentimiento de nostalgia por el pasado también bastante generalizado a estas
edades: “El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece / que lo que quedó
atrás tiene más realidad / para reducir el presente a un interesante
precipicio.”
Silvina
Ocampo es una autora que empezó a ser valorada hacia el final de su vida y en
especial luego de su muerte. En vida, su figura se vio opacada por el
protagonismo de su hermana mayor, Victoria Ocampo, de su esposo, Adolfo
Bioy Casares, y de su amigo Jorge Luis Borges. Su carácter
introvertido y su poca predisposición a conceder entrevistas también
contribuyeron a esta marginación.
Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo
y Jorge Luis Borges en la Rambla de Mar del Plata en 1935
Su estilo
original fue incluso visto como un fracaso en el intento de imitar a otros;
recién en años posteriores se lo empezó a valorar. Su obra se compone
principalmente de cuentos, poemas y misceláneas.
En 1940,
Silvina Ocampo, Bioy Casares y Borges, publicaron una Antología de la
literatura fantástica. En 1986, el diario El Mercurio publicó
un comentario de Borges sobre el estilo de su amiga: “Silvina Ocampo nos
propone una realidad en la que conviven lo quimérico y lo casero, la
crueldad minuciosa de los niños y la recatada ternura, la hamaca paraguaya y la
mitología. (...) De las palabras que podrían definirla, la más precisa, creo,
es genial”.
Silvina
Ocampo (Gentileza Penguin Random House Grupo Editorial)
Borges
había sido testigo, en ese mismo año 1940, del casamiento de Silvina
Ocampo con su amigo Bioy Casares, en el que no hubo fiesta, y que se desarrolló
casi como un simple trámite. Todo ocurrió en un pueblo de la Provincia de
Buenos Aires, Pardo, partido de Las Flores, que acaba de cumplir 180
años. A propósito de este aniversario, el
almacenero del lugar compartió sus recuerdos con Infobae, como testigo de la presencia frecuente de los tres escritores en el
pueblito.
El
casamiento de Silivna Ocampo con Adolfo Bioy Casares. De pie, a la izquierda,
Jorge Luis Borges
En 1975, en
una de las pocas ocasiones en las que aceptó hablar de sí misma y de su
trabajo, Ocampo dijo: “Escribo más naturalmente en prosa que poesía. Me gusta
más. La poesía es como una especie de regalo que viene de repente.
Aunque no creo, como Borges, que existan temas que solo pueden ser para un
cuento, otros para un poema”.
En 1962,
ganó el Premio Nacional de Poesía con su libro Lo amargo por lo
dulce.
Silvina
Ocampo y Adolfo Bioy Casares
Envejecer
Envejecer
también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a
la víctima de lejos, con una perspectiva
que en
lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer
es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer
transforma a una víctima en victimario.
Siempre
pensé que las edades son todas crueles,
y que se
compensan o tendrían que compensarse
las unas
con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una
revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece
envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con
los despojos de la juventud.
Nunca pensé
que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte
de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo
disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un
disfraz con aditamentos inútiles.
Si los
viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades
carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo
porque nadie sabe serlo,
como un
árbol o como una piedra preciosa.
Soñaba con
ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería
ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora
pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo
lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo
transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que
quedó atrás tiene más realidad
para
reducir el presente a un interesante precipicio.
(FUENTE:
Infobae, Argentina, 2026)


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