PERFILES: LA MATANZA DE LOS HORCONES
CAROLINA ALDUVÍN
El reconocido intelectual historiador y analista Juan Ramón Martínez ha publicado un nuevo libro titulado igual que esta columna, relatando minuciosamente a cada uno de los interesados todos los detalles de uno de los crímenes más oprobiosos de nuestra historia. Durante el poco más de medio siglo transcurrido desde aquel fatídico 25 de junio de 1975, el autor ha dedicado innumerables horas a dar seguimiento a los acontecimientos, notas de prensa, pesquisas tanto de la policía como de los militares, archivos del Poder Judicial, entrevistas y todo tipo de documentos previos, del propio día y posteriores, para construir un relato objetivo para que nosotros y la posteridad cobremos conciencia de lo que jamás se debe repetir.
El genocidio ocurrió durante mis años de estudiante universitaria y no tuve noticias al respecto hasta que unos días después en horas de la tarde, no había un tan solo autobús en sus lugares de partida hacia la ciudad sobre la calle interna principal; al indagar sobre la causa, el despachador respondió que todos se habían dirigido al Hospital San Felipe, llevando al estudiantado a un acto de protesta contra la masacre, donde se habían trasladado los restos rescatados del fondo del famoso pozo artesiano de malacate, ubicado a un kilómetro de la casa principal de la hacienda Los Horcones, que fuera dinamitado con la fracasada intención de nunca fuera encontrada evidencia alguna contra autores intelectuales y materiales del absurdo crimen.
La hacienda en cuestión se ubica en la localidad de Lepaguare, Olancho, era propiedad de Manuel Zelaya Ordóñez, uno de los responsables y condenados por la justicia hondureña, tal como lo relata paso a paso esta obra; padre del nefasto político que en los cuatro años anteriores gobernó y puso en peligro la existencia de nuestra democracia política con toda la serie de ilegalidades que hoy, paso a paso se van poniendo a orden de los tribunales. Se acusó como coautores al entonces mayor Enrique Chinchilla Díaz, al teniente Benjamín Plata Valladares, el teniente Altamirano Serrano, el sargento David Artica Doblado, Enrique Bahr Alvarado, Manuel Zelaya Ordoñez y a los agentes Eugenio Alemán, Abelardo Carías, Rodimiro Zúniga, Enrique Erazo, José Tomás Linares y Efraín Cloter Montes. Cuyas sentencias se relatan y justifican en el libro.
En cuanto a las víctimas, se contaron nueve dirigentes campesinos cuya beligerancia hacía sentirse amenazados a los cobardes ganaderos de la zona que los ejecutaron con saña y con la complicidad de militares de la peor condición moral. Además, dos sacerdotes católicos, dos estudiantes universitarias y otra persona más, para no dejar testigos. Los pormenores del juicio, las sentencias, las apelaciones más los argumentos que motivaron y justificaron las posteriores acciones que derivaron en amnistías e indultos, se relatan y analizan en el texto. Muchos percibimos en ese relato un craso error –por decir lo menos— y que explican en alguna medida el clima de impunidad que fomenta la creciente corrupción en todos los niveles y sectores que vimos transcurrir durante el resto del siglo pasado y profundizarse en el presente.
La histórica matanza de 1975 declara a ese año como de quiebre, como un calvario donde las víctimas no tienen la menor oportunidad; el año que marcó el principio del fin del reformismo militar; el año en que los partidos políticos tradicionales se fortalecieron con todo y sus caudillos, mientras los militares terminaron subordinados a ellos, luego de ejercer todos los poderes. También –y más importante— explica los antecedentes del conflicto a partir de la finalización de la Guerra de las 100 Horas contra la vecina República de El Salvador, para quienes no estábamos en el país o en el planeta. El efecto del escándalo derivado del soborno bananero del mismo año y el principio del fin de los movimientos campesinos. Los efectos de la matanza, el juicio y posteriores acciones en las relaciones políticas, económicas y sociales en el país; el declive de los militares como fuerza de gobierno; la entrega del poder a regañadientes a cambio del perdón por los errores y delitos cometidos; su papel contra las acciones irregulares de grupos guerrilleros y el destino final de los ejecutores. Una obra que todo hondureño debe leer detenidamente, a la venta en su librería favorita o por encargo.

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