LA REVUELTA DE 1954 ¿REIVINDICADORA DEL ORDEN CONSTITUCIONAL O DE LA AMBICIÓN POLÍTICA PERSONAL?

Anales Históricos

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PARTE III

Patricia E. Castillo Canelas

El fundador de la Cuyamel Fruit Co., Samuel Zemurray (1877-1961) se convirtió en el hombre de negocios más poderoso de Honduras, a quien se conoció como “the banana man”, él financió la campaña de Manuel Bonilla Chirinos en 1910 para que éste llegara a la presidencia en 1912 y en retribución por el ¨favor”, Bonilla le otorgo grandes concesiones. De igual manera, Zemurray lo hizo en 1919 con Rafael Salvador López Gutiérrez. Y también con Vicente Tosta y Gregorio Ferrera. En 1924 la United Fruit Co. financió a Tiburcio Carías Andino, pero fue hasta 1933 que logró la presidencia y con su apoyó se mantuvo en el poder… y la lista es larga. 

 

Los empréstitos no solo consistían en recursos económicos, también en la adquisición, transporte de armas y contratación de mercenarios como León Winfiel Christmas “Lee Christmas” (1863-1924) nombrado jefe de la policía por Bonilla Chirinos quien le confirió el grado de General; también Guy Molony “machine gun” (1884-1972) que se unió a la fuerza expedicionaria Bonilla-Christmas para invadir Honduras o Lowell Yerex (1895-1968) que llego al país con una avioneta Stinson.

Todas las intervenciones que el Departamento de Estado de Estados Unidos en asuntos internos de los países de la región, lo han justificado dizque para proteger las empresas, el patrimonio y la vida de los ciudadanos norteamericanos radicados en estos países. Ellos, en su creencia que es su destino apoderarse por cualquier medio de los territorios de países vecinos del Sur han desestabilizando sus débiles gobiernos para expandir su poderío (Destino Manifiesto); procuran imponer su hegemonía en la región para evitar cualquier intervención europea en América (Doctrina Monroe); pues consideran que América Latina y el Caribe forman parte de su territorio y pueden manejar a estos gobiernos a su antojo (Corolario Roosevelt, enmienda de la doctrina anterior). Imponen su voluntad al negociar y pactar con los gobiernos regionales para mantener la paz, pero en caso de cualquier alteración del orden público que genere violencia o amenaza a sus intereses, están prestos a actuar por la fuerza para restablecer la paz en la región (Doctrina del Gran Garrote). 

 

a)       Tratado General de Paz y Amistad

Cuando en 1922 la región centroamericana se vio nuevamente convulsa por las constantes invasiones y conflictos armados entre las fuerzas militares de Honduras, El Salvador y Nicaragua, sus representantes fueron convocados por el delegado del gobierno de Estados Unidos a conferenciar en el buque Tacoma para resolver el conflicto entre las tres repúblicas. Una serie de convenios, pactos y protocolos fueron firmados en febrero de 1923, entre ellos este tratado el cual contenía veinte artículos, siendo algunos de ellos la limitación de armamentos y efectivos militares en la región, la preparación de proyectos de leyes electorales. Incluso se comprometieron los representantes de estas repúblicas a no intervenir en conflictos armados, en favor o en contra del gobierno vecino en conflicto[1].

En el artículo II, el departamento de Estado dispuso e impuso que, si el orden constitucional se veía nuevamente alterado por cualquier motivo, dicho gobierno de facto no sería reconocido por ninguno de los gobiernos firmantes mientras no se restituyera el orden constitucional, especialmente si el nuevo líder o algún miembro de sus familias hubieran participado en las revueltas. Las negociaciones fueron presididas por Benjamín Sumner Welles.

Con fecha 8 de abril de 1924 a las 6 p.m., el Secretario de Estado envió al Comisionado en República Dominicana (B.S. Welles) el telegrama No.815.00/3077ª, en el cual solicitaba su presencia en Honduras, especialmente en Tegucigalpa para que informe sobre las medidas que deban ser tomadas a fin de lograr un arreglo que evite mayor derramamiento de sangre y destrucción de la propiedad… se está dando órdenes a un destructor para que zarpe inmediatamente de Guantánamo hacia Santo Domingo, a fin de que conduzca a Ud. a Honduras… (f) Hughes [2].

En un nuevo envío telegráfico supletorio del anterior con fecha 9 del mismo mes a las 4 p. m. se le informa que… los generales que mandan los varios ejércitos revolucionarios, de los cuales Tosta, Ferrera y Carías, son los más importantes… este grupo domina actualmente toda la costa Norte y en la mayor parte de la República y han estado sitiando a Tegucigalpa, por cuatro semanas sin éxito alguno… En igual documento supletorio del 10 de abril se le pidió que obre en estrecha cooperación con el ministro Morales[3], quien ha conducido satisfactoriamente los negocios de la legación en condiciones excesivamente penosas y difíciles… el presidente ha designado a Ud. como su representante personal[4].

El interés del gobierno de los Estados Unidos, como ya se dijo, se orienta a defender los intereses y el patrimonio de las compañías norteamericanas establecidas fuera de su territorio. Y en este tratado de paz firmado el 7 de febrero en Washington, D.C. plantearon su posición para las elecciones de 1923, con el objetivo de mantener la paz, el orden, el progreso y el bienestar económico de los países vecinos de Estados Unidos[5]. 

b)      Pacto de Tiloarque

Documento firmado el 24 de marzo de 1924 por medio del cual, los cuatro líderes más importantes de la revuelta unificaron sus acciones a fin de derrocar al gobierno dictatorial. En el mismo se estableció entre otros puntos: la designación del abogado Fausto Domingo Dávila Bonilla (1858-1928) como presidente provisional (quien era apoyado por la Cuyamel Fruit Co.) su gobierno tendría que convocar elecciones de las máximas autoridades, convocar una Constituyente y reformar la Carta Magna. Mientras Fausto Domingo era juramentado en su cargo, Tiburcio Carías Andino asumió temporalmente el mando del Supremo.

También se negoció el reconocimiento de los jefes insurrectos y las zonas de acción en las cuales ejercían su mando[6]. En el mapa que a continuación se presenta, se detalla la forma en que el territorio nacional fue repartido entre los jefes de las fuerzas revolucionarias:

¦  Tiburcio Carías Andino como 1r jefe de la revolución le correspondía la zona Central, además dirigiría los negocios públicos temporalmente. Para él los departamentos de Tegucigalpa (hoy Francisco Morazán), Comayagua, Olancho y Yoro (en color gris);

¦  Gregorio Ferrera 2º jefe de la revolución, le correspondía la zona Sur occidental, los departamentos de Valle, La Paz, Intibucá, Lempira (hoy Gracias), Copán y Ocotepeque (en color azul);

¦  La zona Norte le correspondía a Vicente Tosta Carrasco como 3r jefe de la revolución, los departamentos de Santa Bárbara, Cortes, Atlántida, Colón e Islas de la Bahía (en color café), y

¦  Francisco Martínez Funes, el 4º jefe revolucionario le correspondía la zona Sur oriental los departamentos de Choluteca y El Paraíso (en color verde).

 

c)       Pacto de Amapala[7]

Con el objetivo de restablecer la paz del pueblo y el orden constitucional, la conferencia se instaló el 23 de abril, pero fue hasta el 3 de mayo de 1924 que se firmó el pacto definitivo. Las partes en conflicto estamparon su firma ante los representantes de las repúblicas centroamericanas y del comisionado de los Estados Unidos de América, Benjamín Sumner Welles que también había participado en la conferencia de 1923. Reunidos todos en el USS Milwaukee, anclado en el golfo de Fonseca en las cercanías de Amapala.

El telegrama No. 815.00/3152 del 2 de mayo de 1924 enviado a las 3 p. m. por Welles al Departamento de Estado informó que luego de una serie de reuniones con el ministro Morales, miembros de la dictadura y los jefes revolucionarios se firmó el pacto definitivo en Amapala y no en el Milwaukee. En dicho pacto se “propuso” la elección de un presidente provisional con libertad de elegir a los miembros de su gabinete, modificar la Ley de Elecciones y convocar una Constituyente… todos estuvieron de acuerdo en la elección de Vicente Tosta Carrasco como presidente provisional para el período del 30 de abril de 1924 al 1 de febrero de 1925. Firmaron el documento Alberto A. Rodríguez, Salvador Aguirre, Roque J. López, F. López Padilla y como testigos, Sumner Welles, Mariano Cruz, J.A. Urtecho, F. Martínez Suárez y P. Pérez Zeledón[8].  

Tiburcio Carías Andino fue nombrado Gobernador General y Gregorio Ferrera ocupó el Ministerio de Guerra y Marina. Pero todos esos nombramientos contravinieron lo estipulado en el artículo II del Tratado de Paz y Amistad relativo al no reconocimiento de un nuevo gobierno mientras el orden constitucional no se hubiera restablecido. Pues Carías, Tosta y Ferrera fueron partícipes de las revueltas que alteraron el orden constitucional. El tratado alcanzó la categoría de nulidad, aun así, fue ratificado posteriormente en todas sus partes.

Welles era de la opinión que lo ocurrido en Honduras, en parte había sido provocado por la intervención de ciertos intereses norteamericanos[9].

d)      Violación del suelo patrio

El gobierno de Estados Unidos, no conforme con sobornar a los gobernantes de turno, de intervenir en la política hondureña, y sembrar la cizaña entre los ambiciosos caudillos a través de sus funcionarios, tuvo la desfachatez, por medio del enviado plenipotenciario, Franklin E. Morales que, con el pretexto de proteger la vida y los bienes de los ciudadanos norteamericanos, autorizar el desembarco de un destacamento de marines en el territorio nacional. Situación de crisis que ellos mismos habían contribuido a crear.

En La Ceiba, varios barcos se habían anclado para resguardar los intereses de la Vaccaro Bros., los soldados instalaron sus tiendas de campaña en la carretera a Mazapán (zona franca) y desde allí realizaban patrullajes amenazantes[10]. También desembarcaron en el puerto de San Lorenzo, al sur de la capital, un grupo de marines que se dirigieron hacia Tegucigalpa. Una vez en la ciudad se apostaron en la embajada y en otros sitios aledaños, en el campo La Isla de Comayagüela realizaban ejercicios militares.

Según Morales, la acción de hacer desembarcar a los militares fue avalada por varios comerciantes hondureños de alto perfil. Sin embargo, nunca se dio a conocer el nombre de esos comerciantes[11]. Comerciantes que desde el inicio de las hostilidades salieron del país como lo hizo el capitalista, político, banquero, prestamista, agente contratista, minero, terrateniente, representante diplomático y funcionario público Santos Soto Rosales (1850-1932), el compadre del General Vicente Tosta Carrasco pues él y su esposa Camila de Jesús Midence Soto (1861-1959) fueron los padrinos de su hija Francisca Julia Tosta Fiallos (1914-1951)[12].

Fueron muchas las voces de rechazo que se levantaron ante el infame acto. Varios intelectuales protestaron enérgicamente contra el ingreso de tropas norteamericanas a esta capital y pedimos al ministro Morales el inmediato retiro de dichas fuerzas del territorio[13]… Rafael Díaz Chávez del Partido Unionista Centroamericano, el 27 de marzo de ese año expresó que se proponían fusionarse en una sola República los cinco estados en que políticamente se divide hoy Centroamérica; para defender la integridad de su territorio; su independencia absoluta de cualquier nación extranjera[14]… Visitación Padilla también expresó… la voz unánime de los hondureños es la que se oye a la hora presente en el clamor desolado de la protesta, por la resistencia del señor Ministro de los Estados Unidos de que permanezcan sin motivo ninguno, su tropa de marinos armados en nuestra capital[15]…

El gobierno provisional, a través del ministro de Relaciones Exteriores, Rómulo E. Durón, elevó su protesta contra el acto invasivo: …El consejo de ministros no puede menos que manifestar a Vuestra Excelencia su sorpresa por el hecho del desembarco y la venida de

ese cuerpo de soldados a esta capital, sin solicitud ni aprobación del Gobierno de la República, y, en consecuencia, lo considera como un acto de agravio a la soberanía e independencia del país… el gobierno excita atentamente a Vuestra Excelencia dar orden de que el expresado cuerpo de soldados se retire inmediatamente de esta capital y vuelva a la mayor brevedad posible, al barco de guerra de donde procede[16].

VI.            EL PUEBLO ANTE EL CONFLICTO

En este apartado nos centramos en la desgracia vivida por el pueblo durante la refriega reivindicadora del ´24. El Diario de Guerra de Mario Rivas[17] reporta los daños que sufrió la capital por la acción depredadora de las hordas revolucionarias que, en su eufórica llegada a Tegucigalpa, saquearon los comercios, quemaron edificios públicos y casas particulares. El edificio de Correos, el Almacén Nacional, la administración General de Rentas, los mercados San Isidro y Los Dolores sufrieron severos daños al igual que las tiendas de Francisco Siercke, Santos Soto, Quinchon León, Luís Soto... Los productos escasearon e incrementaron su precio, expone el diario. El maíz de 20 paso a 75 centavos; los huevos que antes costaban 3 centavos se conseguían a 20; los frijoles de 3 centavos a $2.50 la medida; el arroz de 20 subió a 60 centavos; la manteca que costaba 30 centavos la libra llego a costar $1.00; la leche no se conseguía por ningún lado. Y a varios comerciantes según su capacidad se les “solicitó” apoyo financiero para el mantenimiento de las tropas del gobierno.

Lo mismo ocurrió en otras ciudades donde llegaron los facciosos a apoderarse de las plazas. En La Ceiba, los revoltosos prendieron fuego a varios establecimientos comerciales al no encontrar armas, municiones ni aguardiente. Las calles estaban desiertas. Según relata el médico Eugenio Matute Canizales en su libro “Algunas sendas que caminé”, citado por Antonio Canelas[18], informa Matute Canizales que unos 300 efectivos se apostaron frente a la alcaldía y desde allí salieron las tropas por distintos rumbos de la ciudad.

Era su objetivo, además de la plaza, tomar el cuartel y el edificio de la aduana resguardadas por el gobernador político y comandante de armas de Atlántida Antonio Ramón Lagos, cuñado de López Gutiérrez. Continúa el relato informando que el 28 de febrero cortaron el fluido eléctrico, el combate duró varias horas, hubo miles de muertos, unos eran enterrados en fosa común, otros incinerados y otros aterrados frente al cementerio general, pero las calles seguían repletas de muertos.

La mayoría de los negocios afectados en aquella ciudad pertenecían a ciudadanos extranjeros como la casa comercial Laffite y Cía. de Jean Laffite; el almacén y refresquería Puerta del Sol de Balbino Piedrahita; el almacén de Manuel Toruño y el de Manuel Estévez y Cía.; la ferretería Honduras de Jacobo P. Munguía; algunas oficinas de la United Fruit Co. y oficinas bancarias; la fábrica de confites de E. Vandaux; el almacén y fábrica de camas y colchones de Luís A. Peé; el almacén de Pedro Devaux; el bar y refresquería El Sol de Ítalo Franquiñoni, el estudio fotográfico de Rafael Ugarte; Maderas Scott y Cía.; el cinematógrafo de Leoncio Solís; el almacén La Primavera de Bishara Y. Kawas; Mi Tienda de Hazim y Hazim y la ferretería Atlántida de Pizzati entre los muchos negocios destruidos.  También en San Pedro Sula fue incendiada la fábrica de cigarrillos King Bee de Jorge Blanco y César Abud; el café Royal; la casa comercial C. J. Warren e igualmente varias casas particulares quedaron reducidas a cenizas.

Pero también los guerrilleros que formaban parte de las tropas de asalto de ambos bandos sufrieron lo suyo. Éstos solo contaban con un rifle Remington de mala calidad, un salveque (bolsa o morral) para 50 tiros, carecían de cantimploras para agua y comían lo que encontraban por el camino, pasaban varios días con la misma ropa mojada, rota, lodosa, llevaban pañuelos al cuello con los colores según el bando que representaban… los heridos morían por falta de curación y se engusanaban[19].

En la fotografía siguiente se aprecia la gran diferencia entre la vestimenta utilizada por los reclutados y los jefes revolucionarios. Los primeros descalzos o con caites, sombreros de paja, algunas cananas, mientras que los segundos vestían pantalón kaki, botas de cuero, sombrero stetson copa alta, pistolas al cinto, rifles, escuadras, machetes…

¿Por qué se dio esta rebelión? ¿Por qué no hubo un traspaso pacífico del poder?

Al estudiar la historia hondureña comprendemos el porqué de las disputas armadas que se han generado bajo los ideales que conservadores y liberales han profesado a través del tiempo. Es importante también, conocer la trayectoria de las relaciones familiares de los involucrados, pues la política ha sido una dote heredada a los hijos que se ha fortalecido a través de las relaciones matrimoniales y de compadrazgo.  Lo anterior se comprueba y se confirma al conocer datos como los que se exponen a continuación:

v  que la esposa de José Policarpo Bonilla Vásquez, Emma Sotera Gutiérrez Lardizábal era prima hermana de Rafael Salvador López Gutiérrez;

v  que Felipe Bustillo fue abuelo de Manuel Bonilla Chirinos;

v  que Juan Ángel Arias Boquín, hijo y nieto de presidentes, se casó con Margarita Fiallos Castellanos, nieta del presidente Victoriano Castellanos Cortés;

v  que Ponciano Leiva Madrid era suegro de Luís y Miguel Paz Baraona, mientras que su otro hermano, Jacobo Francisco Paz Baraona se convirtió en consuegro de Gregorio Ferrera González, pues su hijo Carlos Ferrera Padilla se casó con Musia Georgina Paz Mendieta;

v  que Santos Soto Rosales y Vicente Tosta Carrasco eran compadres;

v  que el abuelo materno de Policarpo Bonilla Vásquez (Manuel Emigdio Vásquez Alcántara) era el padre del General Domingo Vásquez Toruño (1846-1909) y por tanto éste su tío. Éste podría ser uno de los motivos por el cual cuando el presidente Ponciano Leiva le ordenó al comandante de armas de Tegucigalpa, el General Vásquez Toruño que encarcelara en la isla de Roatán a José Policarpo Bonilla, Miguel Rafael Dávila, Oquelí Bustillo y José María Reina en 1892, éste desobedeció tal orden, y así Bonilla Vásquez y sus partidarios pudieron salir del país rumbo a Nicaragua, donde organizaron una revuelta reivindicadora[20].   

Esta historia es un embrollo político que, bajo tales ideales y alianzas, estos personajes han cambiado de bando según los intereses de momento manteniendo al país en zozobra. Alimentados naturalmente por la ambición de controlar y mantener el aparato estatal, de enriquecerse a costa de las arcas públicas y traficar con las influencias que genera dicho poder. Esto lo hemos visto a lo largo de la historia hondureña y los seguimos viendo y sufriendo, aún en el siglo XXI. Estos caudillos, personajes autoritarios, militares y políticos ambiciosos participaron en diversas contiendas eleccionarias, fueron funcionarios públicos y alcanzaron la presidencia de una u otra forma (Carías, Tosta, Arias, Bonilla). ¿Cómo? fueron favorecidos por el capital extranjero, adquirieron armas, municiones y equipo de guerra. Sin importarles que el interés de estas empresas era controlar los gobiernos, obtener beneficios y reportar ganancias a sus accionistas.

¿Y Ferrera?, él inició su militancia dentro del liberalismo desde 1907, participó activamente en varias revueltas que le dieron acceso y ascenso dentro del aparato gubernativo. Fue nacionalista y liberal según la época y los intereses de momento. Se unió al movimiento revolucionario de 1924 para derrocar al gobierno continuista de López Gutiérrez, apoyó al nacionalista Carías Andino e inició otros levantamientos armados. Era un estratega militar y tenía mucha influencia sobre una gran cantidad de individuos catalogados como “indos”. Él no fue Presidente, pero ocupó varios cargos públicos. Las empresas transnacionales que apoyaron a los gobiernos liberales y nacionalistas por igual, hicieron lo mismo con los jefes revolucionarios.

Todos fueron favorecidos con la adquisición de armas y el sostenimiento de sus tropas, Ferrera fue uno de ellos. Incluso le fue otorgada una plantación bananera cuyo producto era adquirido por la United Fruit Co.[21]. Pues bien, como se ha expuesto no solo en el desarrollo de este ensayo, sino en toda la historia de Honduras, toda guerra, guerrilla, revuelta o lucha reivindicadora promovida por políticos caudillos en su pretensión de alcanzar y perpetuarse en el poder, lo único que han generado con su desmedida ambición es muerte, desesperación y dolor.

Tales facciones son incapaces de negociar y buscan imponer su voluntad haciendo uso de todos los medios disponibles para alcanzar su objetivo y así han arrastrado al pueblo a luchas sangrientas e inútiles.  Pues cada bando se cree dueño absoluto de la razón. 

 

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Universidad. (29 febrero 1884). El Universitario No. 25. Santa Rosa de Copán.

Valladares, P. (1972). Hondureños ilustres en la pluma de Paulino Valladares. Tegucigalpa; Presidencia de Honduras.

Valle, R. H. (1959). El periodismo en Honduras (notas para su historia). Revista de Historia de América #48.

William Edgard Coleman Paredes (1890-1932) En https://www.findagrave.com/memorial/94462736/william_edgar_coleman.

 



[1] Raúl Toledo López. (1930). La conferencia sobre asuntos centroamericanos reunida en Washington el 4 de diciembre de 1922. Comayagüela; imprenta El Sol.

[2] Departamento de Estado. (12 abril 1943). Esfuerzos de los Estados Unidos y de las repúblicas centroamericanas para restablecer el gobierno constitucional en Honduras. Boletín de la Biblioteca y Archivo Nacionales, año III No. 5, pág. 137.

[3] Franklin E. Morales (1884-1962) fue nombrado por el presidente Warren Harding en octubre de 1921, presentó sus credenciales el 18 de enero de 1922 ante el gobierno de López Gutiérrez. Finalizó su misión el 2 de marzo de 1925. Franklin E. Morales - People - Department History - Office of the … https://history.state.gov/departmenthistory/people/morales-franklin-e. consultado en febrero 2023.

[4]Departamento de Estado ob. cit. págs.137-141.

[5] Marvin Barahona ob. cit. pág. 160.

[6] Víctor Cáceres Lara. 1992). Gobernantes de Honduras en el siglo 20 (de Terencio Sierra a Vicente Tosta). Tegucigalpa; Litografía López. págs.294-296.

[7] Pacto de Amapala. (12 abril 1943). Boletín de la Biblioteca y Archivo Nacionales No.5 año III págs. 155-156

[8] Departamento de Estado ob. cit. pág. 150.

[9] Marvin Barahona ob. cit pág. 171

[10] Antonio Canelas Díaz. (2008). La Ceiba sus raíces y su historia. Tegucigalpa; BCH. pág. 191.

[11] Froylán Turcios. (1980). Boletín de la defensa nacional. Tegucigalpa; Guaymuras.

[12] "Honduras, registros parroquiales y diocesanos, 1633-1978," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/1:1:2V4L-BZ7: 10 April 2020), Francisca Julia Tosta Fiallos, 05 Mar 1927; citing Baptism, San Pablo, Siguatepeque, Comayagua, Honduras, Arquidiócesis de Tegucigalpa (Catholic Church parishes, Archdiocese of Tegucigalpa), Honduras; FHL microfilm 004708489.

[13] Froylan Turcios ob. cit. pág. 53.

[14] Ibid pág. 91.

[15] Ibid pág. 101.

[16] Rómulo E. Durón. (1990). Protesta del gobierno provisional contra el desembarco de los marinos. En Medardo Mejía. Historia de Honduras t VI. pág. 242-243. Tegucigalpa; Universitaria.  

[17] Mario Rivas. (2004). Diario de la guerra de Honduras 30 de enero – 30 de abril 1924. Tegucigalpa; Secretaría de Cultura, Artes y Deportes

[18] Antonio Canelas Díaz ob. cit. pág. 192.

[19] Gonzalo Luque. (1980). Memorias de un soldado hondureño. Impresora Hondureña t I. pág. 67 

[20] Darío Izaguirre. (2017). En torno a los orígenes de los partidos políticos en Honduras (1870-1911). Canadá; editorial Plumas.

[21] Mario Argueta. (1989). Bananos y política: Samuel Zemurray y la Cuyamel Fruit Company en Honduras. Tegucigalpa; Universitaria.

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