Mirador: PRESUPUESTO Y DESARROLLO
Juan Ramón Martínez
El presupuesto nacional es fundamentalmente un instrumento al servicio del desarrollo del país. Es decir que más que asignación a una burocracia parasitaria, es la forma como al orientar los recursos, se establecen las prioridades colectivas y se construye el futuro. Estas ideas no creemos que sean manejadas con pulcritud por quienes hacen el presupuesto. Y menos por los que creen que los fondos públicos deben usarse caprichosamente y ponerse al servicio de sus objetivos personales o grupales. El afán de gastar lo ajeno, es francamente una forma de pornografía política abusiva e irrespetuosa. Y la falta de liquidación pulcra de los fondos, una forma irrespetuosa de ofender al pueblo que es el soberano, el dueño de Honduras; y los gobernantes, sus sirvientes.
Los
presupuestos no se manejan con estas ideas. Nunca he oído una discusión
profunda en el Congreso, en el que se coloquen antes que las necesidades de
esta burocracia que nunca termina de llenarse, los objetivos nacionales. Apenas
de refilón cuando se discute el servicio
de la deuda, se habla de cosas serias de largo plazo. El resto se centra en el gasto
de una burocracia que últimamente tiene unos límites que son insostenibles. Y
en el largo plazo un peligro que amenaza la existencia de Honduras.
Solo a
un líder le hemos escuchado preocupaciones. Es Santiago Ruiz, el que declaró
que no entiende como se puede construir el futuro si apenas el 1% del
presupuesto se destina al sector agropecuario. Como me había referido a la
incapacidad de ese sector para dar satisfacción a las necesidades alimentarias
de la población y el servicio a la PEA mas alta del país, creo que es razonable
la afirmación de Santiago Ruiz. Es necesario en el presupuesto, definir las
inversiones que haremos en el sector agropecuario, la industrialización y la investigación de
negocios y mercados para elevar la competencia general del país.
Si
seguimos como hasta ahora, consumiendo todo lo que ganamos; y además pidiendo
para sostener nuestros lujos, el país nunca tendrá oportunidad de crecer y
competir con los demás. Desde 1950 no hemos construido otro distrito de riego.
Los distritos de riego de las bananeras han sido abandonados y no hemos podido iniciar
el proyecto de riego de la Costa de los Amates. Tampoco tenemos suficiente
inversión para proteger las zonas productivas y para dar seguridad a las
poblaciones expuestas a las irregularidades de tormentas y huracanes.
Rodrigo
Wong Arévalo, en un editorial dijo que el huracán Mitch mostró que no estábamos
preparados; y que, pese a que el hecho ocurrió hace bastante tiempo, ahora si
se presentara otro evento similar o peor, el país estaría indefenso y nuestros
gobernantes tendrían que transformarse en
pedigüeños internacionales llorosos, porque no somos capaces ni siquiera
de asegurar nuestras vidas.
Esto
debe cambiar. Las universidades deben comprometerse en el desarrollo del pensamiento
crítico de la sociedad, de la investigación científica y de la innovación. Un país
que no hace estas tareas está condenado al fracaso, a la miseria y al riesgo cierto
de recibir patadas desde todas partes del mundo. La libertad se la ganan los
pueblos con trabajo, disciplina y moderación.
El presupuesto
que pronto se someterá a discusión en el Congreso, no está diseñado para el futuro
sino que para un presente mezquino y desgarrador. Necesitamos cambiar las
cosas. El problema grave es que los
hondureños no tienen la fuerza para ello. Si los gobernantes son inútiles y no
han hecho nada o muy poco –para ser cristianos– como para desarrollar al país,
tampoco la calidad del hondureño, en el sistema social interno, es de mucha esperanza. Hay demasiados tontos entre
nosotros.
San
Pedro Sula, Honduras 5 de noviembre de 2026

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