TENSIONES EN EL INTERIOR DE LA REPÚBLICA FEDERAL DE CENTROAMÉRICA
Mario R. Argueta
Dra. Ethel García Buchard, en su incorporación
a la AHGH.
He sido designado por la Academia Hondureña de
Geografía e Historia, que está conmemorando el primer centenario de su
fundación, para contestar al trabajo de ingreso presentado por la Dra. Ethel
García Buchard, requisito previo para su incorporación a esta institución
cultural, actualmente presidida por el Dr. Víctor Manuel Ramos.
Considero un honor el contar con la oportunidad
de comentar esta detallada investigación realizada por la colega, que
contribuye a esclarecer los conflictos y tensiones acumuladas entre dos
poderes: el federal y el estatal, cada uno sometido a fuerzas centrífugas y
centrípetas presentes a lo largo de la existencia de la República Federal del
Centro de América, y que arrojan luces respecto a su eventual colapso.
En su último escrito antes de ser ejecutado en
San José de Costa Rica, el 15 de septiembre de 1842, sin otorgarle el debido
derecho a la defensa, el prócer y mártir Francisco Morazán incluyó en su
testamento esta reflexión trascendental:
"...Muero con el sentimiento de haber
causado algunos males a mi país, aunque con el justo deseo de procurarle su
bien; y este sentimiento se aumenta porque cuando había rectificado mis
opiniones en política en la carrera de la revolución y creía hacerle el bien
que me había prometido para subsanar de este modo aquellas faltas, se me quita
la vida injustamente".
La historiografía ha analizado y especulado
respecto a su contenido, concluyendo que se refería a la necesidad de reformar
el sistema político administrativo del poder central respecto a los cinco
estados integrantes de la nueva nación.
La ponente, Dra. García Buchard, estudia las
tensiones internas de la antes provincia, después estado de Honduras al igual que
las disputas por competencias entre el gobierno central, con sede en la ciudad
de Guatemala y las autoridades estatales hondureñas, incluyendo potestades de
soberana, conflictos territoriales, disputas fiscales y jurisdiccionales entre
ciudades y regiones de Honduras, acumuladas a lo largo del período colonial y
que hicieron crisis una vez alcanzada la emancipación respecto al imperio
español y su incorporación a la naciente República Federal del istmo.
Así mismo, la transición de provincia del Reino
o Capitanía General de Guatemala al estatus de estado insertó en un sistema y
una unidad mayor.
La ponencia que hoy me corresponde comentar
contiene el germen y núcleo para una futura ampliación con nuevos insumos que
concluyan con otro aporte más por parte de su autora. Mis someros comentarios
van dirigidos en ese sentido. El análisis de la estructura de clases sociales
resulta necesario para comprender las disputas entre los dos principales centros
urbanos hondureños de esa época: Tegucigalpa y Comayagua, al igual que sus
estructuras demográficas, actividades económicas: agropecuarias, mineras,
comerciales.
Igualmente, la dicotomía regional entre la
llamada "vieja Honduras y nueva Honduras", esto es la región central,
sur y occidental, de una parte, y la norteña. La primera escogida tanto por
nuestros ancestros indígenas como por los colonizadores hispanos como el sitio
propicio para fundar asentamientos, en razón del clima, valles intermontanos,
yacimientos mineros, disponibilidad de mano de obra aborigen.
La segunda, poseedora de suelos fértiles, con
los puertos de Omoa y Trujillo como las ventas que daban acceso al mundo
exterior caribeño y ultramarino, pero cubiertas de selvas, clima caluroso,
sujeta al paso de huracanes y fuertes precipitaciones pluviales, escasamente
poblada. El grado de tradicional autonomía al interior de Honduras respecto a
las autoridades tanto coloniales como republicanas encuentra en Olancho el
ejemplo más ilustrativo del grado de autogobierno disfrutado por ese vasto
espacio geográfico.
Francisco Morazán, así lo comprendió cuando, en
su condición de Presidente Federal, pactó con los alzados en armas el 21 de
enero de 1830, en el sitio llamado Vueltas del Ocote, acción que yo designo
como la primera concertación en la historia hondureña. Optando negociar antes
que reprimir, logró pacíficamente conciliar, concediendo varios de los reclamos
y justificaciones a él presentadas.
El poder de hecho y de derecho de la familia
Zelaya en Olancho continúo a lo largo del siglo XIX, posicionando a ese
departamento como un mini estado dentro del Estado nacional. Previamente, debió
sofocar el alzamiento de la facción de Opoteca, simpatizante con el intento de
reconquista por parte de militares españoles que partieron de La Habana para
tal propósito.
Ambos ejemplos revelan el frágil control
político y territorial de las autoridades centrales hondureñas respecto a una
zona de la periferia: Olancho, con su riqueza mineral y ganadera, lo que
requería de pactos y alianzas recíprocas, mismas que hicieron crisis durante el
prolongado gobierno de José María Medina en la década de los ochocientos
sesentas, cuando la represión reemplazó a la negociación.
El separatismo latente fue el común denominador
en la América Central antes y durante la existencia de la República Federal: en
Guatemala, Quezaltenango y la ciudad de Guatemala. En Honduras: Tegucigalpa y
Comayagua, en Nicaragua, León y Granada, en Costa Rica San José y Cartago.
Temporalmente, el occidente guatemalteco
presenció la creación del Estado de Los Altos, eventualmente reincorporado a
Guatemala, que presenció la anexión de Chiapas a México y la pérdida de Belice,
gradualmente absorbida por Inglaterra. Algo similar pudo haber sucedido en Honduras
respecto a Islas de la Bahía y La Mosquitia, en posesión de Gran Bretaña hasta
la firma del Tratado Cruz-Lennon Wyke en 1859, que permitió su definitiva
incorporación a la soberanía hondureña.
Acertadamente, la Dra. García Buchard resalta
las dos esferas de poder existentes durante la vida de la República Federal: el
gobierno federal y los gobiernos estatales, que se percibían a sí mismas
como poseedoras de un grado importante de soberanía y autonomía, lo que originó
disputas entre ambas autoridades, ejemplificadas con los ingresos derivados del
tabaco en los Llanos de Santa Rosa, ¿federales o estatales?, reclamo que
provocó la invasión a Honduras ordenada por el Presidente Federal Manuel José
Arce en 1827, culminando con el sitio e incendio de Comayagua, la captura del
Jefe de Estado Dionisio de Herrera, conducido prisionero a Guatemala.
Otro ejemplo ilustrativo: la disputa relativa a
impuestos recaudados en las aduanas marítimas de Omoa y Trujillo: de nueva cuenta,
¿destinadas a las arcas federales o a las estatales? Aún más: ¿tenían los
estados autoridad y capacidad para poder contraer empréstitos con naciones
extranjeras o tal facultad era privativa del gobierno federal?
La bibliografía consultada por la ponente
incluye tanto fuentes archivísticas como secundarias, lo que otorga mayor
rigurosidad al contenido de su ponencia, que merece público reconocimiento por
su calidad y amplitud, características de los diversos aportes historiográficos
de la Dra. Ethel García Buchard.
Tegucigalpa 5 noviembre 2.026.

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